Orisoain – Navarra – 2ª parte (Olite, Santacara, Ujué, Sangüesa, Leyre)

De nuevo por la mañana, después del desayuno en el Palacio, D. Jesús nos comenta, nos indica y nos explica, como podemos aprovechar mejor el día. Le decimos que queremos escuchar el canto gregoriano de los monjes de Leyre, y nos prepara, sobre la marcha, una ruta que termina en Leyre y que paso a relataros.

La primera parada, obligada, es Olite. Aparcamos en la entrada del pueblo, enseguida nos encontramos con una bonita Iglesia y todo recto hasta el palacio, fortaleza, castillo, denominado Palacio Real de Olite. Carlos III «el Noble», en el siglo XV, y sobre un castillo ya edificado, montó su palacio y corte. Si desde fuera impresiona, dentro maravilla. Nos podemos encontrar desde amplias salas hasta una pajarera inmensa, torres de vigilancia, balcones encolumnados, preciosos jardines interiores, tipo claustro lleno de vegetación… Subes cientos de escalones para llegar a las almenas y merece la pena ver como Olite se rinde a los pies del Palacio. Destacar solo una cosa sería imposible, podrías pasarte un día entero perdido entre las piedras, imaginándote como se defendían, como vivían y como morían en la edad media, sintiendo el aliento Árabe en su espalda.
Para realizar la visita al Palacio lo primero que te dicen es que sigas las flechas y la numeración, esto parece fácil, pero lo cierto es que al final no sabes si estás en el 13 o en el 6, si ya has pasado por el 8… por eso yo creo que ir a tu aire, unas veces adelante y otras hacia atrás, es lo mejor, lo importante es disfrutar de un espectáculo que impresiona y más si le ponemos imaginación.
Terminamos la visita a Olite con un pequeño paseo por sus calles y plazas, el tiempo acompaña y el paseo resultó agradable y tranquilo.

Al salir de Olite nos acercamos a Santacara, esta parada no estaba prevista en nuestro itinerario, pero ver unas cigüeñas en lo alto del campanario de la Iglesia, justo encima del reloj, nos llamó la atención y como íbamos bien de tiempo, no nos importó parar y ver la Iglesia.

A unos tres kilómetros de Ujué paramos el coche, no fuimos los únicos. La estampa que se ve a lo lejos es de escándalo, ¡qué espectáculo es ver Ujué de lejos!, la Iglesia Fortaleza sobresale en la colina arropando en su falda el resto del pueblo, típica distribución de defensa. Al repicar de las campanas todos los habitantes del pueblo se metían en la fortaleza para defenderse de los enemigos que querían atacarles. Subimos hasta la Iglesia Fortaleza y después de un recorrido por su interior y exterior, decidimos comer allí mismo, en un mesón que de llama Las Torres, por cierto, probar las «Migas», merece la pena.

El recorrido por la fortaleza se hace rápido, es una estupenda construcción de piedra en sillería, techos altos, torres que vigilan y pasadizos que facilitan su circulación por la parte más exterior. En el centro de la edificación está la iglesia, en la que destaca, además de su retablo, su púlpito, muy ornamentado y policromado.

Ya en dirección al monasterio de Leyre, paramos en Sangüesa. Paramos cerca del puente de hierro, que llama mucho la atención y vimos la iglesia que está junto a el. Curioso es que no pudiéramos  verla por dentro, una señora que nos abrió la puerta no nos dejó pasar, todo su empeño era que esperásemos a un grupo que entraría una hora más tarde, pagando una módica cantidad. No entiendo estas situaciones, las iglesias son patrimonio de todos y no debiera de cobrarse por verlas, si todos pagamos su mantenimiento lógico es que todos podamos disfrutarlas.

 Por fin llegamos al monasterio de Leyre. El funcionamiento para visitarlo es sencillo, pagas, te dan una llave de la iglesia y tienes derecho a entrar en la iglesia y en la cripta. Si hay oficio, no tienes que pagar. Aunque no es mucho, dos o tres euros, no recuerdo muy bien, sigo pensando que estas cosas debieran de ser gratis.
La iglesia es sencilla, tres naves relativamente cortas, destaca la imagen, en el altar, de Santa María de Leyre, el órgano y un arcón con los restos de los reyes de Navarra. Llama mucho la atención el juego de luces que se produce, al menos a la hora en que nosotros la visitamos, por la tarde a la caída del sol.

 

 

 

 

 

 

 

Entran los últimos rayos del día y medio en penumbras se hacen más patentes las sensaciones que debieron de tener los ocupantes medievales.

La cripta, es un lugar pequeño con grandes columnas que soportan todo el edificio. Un altar de piedra lo preside. Para comprenderlo hay que verlo cuando está vacío, sin otros visitantes, otro sitio que hace que nuestro viaje gane puntos.

Al final asistimos a la celebración de la misa gregoriana, a medida que avanza, las voces de los monjes suenan más fuertes y decididas. Un momento para disfrutar y, porqué no, para reflexionar. Ir a Leyre y no quedarse a una de estas celebraciones es perderse lo mejor de un viaje por la media Navarra.

Se nos acaba el día y nos toca regresar a la casa rural, a nuestra habitación, de nuevo a disfrutar de la noche en Orisoain y de nuestra shisha.

De la vuelta a casa poco hay que decir, en el silencio del viaje nos imaginábamos a aquellos hombres y mujeres que, hace mil años, formaron un muro de piedra, con sus espadas, escudos y lanzas, yelmos y armaduras. Defendieron con su sudor y su vida la entrada de los Árabes, convivieron con ellos y al final los expulsaron de sus tierras. Una etapa mágica, cruel, dura y significativa en la historia de nuestra España.

Otro lugar con encanto, para recordar.

 

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Sobre jcu

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