Orisoain – Navarra – 1ª parte (Eunate, Puente la Reina y Artajona)

Siempre que empezamos un viaje, aunque sea corto, tenemos ese gusanillo, nerviosismo, que nos recorre el cuerpo. Lo primero son las maletas, esa sensación de que algo se nos olvida, incluso una vez cerradas y saliendo por la puerta. Lo que dejamos y lo que nos llevamos ¡Que poco nos fiamos de nuestra memoria!, pero que más da, lo que importa es que siempre empezamos una aventura de la que volveremos con un montón de experiencias y recuerdos, porque lo que al final queda son los momentos vividos.

En esta ocasión decidimos hacer un pequeño viaje en coche hasta un pueblo de Navarra, Orisoain. En el encontramos una casa rural con un encanto especial, El Palacio de Orisoain. Situado en el centro de la ruta de los Castillos e Iglesias, también de la ruta del vino, nos proporciona una base de operaciones ideal para recorrer toda la zona, sin que los desplazamientos sean demasiado largos, poder ir y venir a los pueblos de alrededor con facilidad y sin cansancios por las distancias recorridas.

Se nos ocurrió que, para hacer el viaje más llevadero, haríamos una parada intermedia, que mejor sitio para comer que Vitoria-Gasteiz, ciudad con nombre y apellido, Vitoria puesto por Sancho VI y Gasteiz por el nombre del pueblo que está en la colina. Cuando llagas a un sitio que no conoces preguntar es lo más apropiado, así que paramos a una pareja que estaba por la calle y nos indicaron que lo mejor era acercarse al casco antiguo, bueno, a uno de sus «cascos antiguos»… «giras por esa calle a la derecha, subes la cuesta que vas a ver y por la izquierda, arriba de la cuesta verás la calle Cuchillería». Así lo hicimos y lo cierto es que acertamos. Lugar ideal para «tapear» y, si lo quieres, comer. Tuvimos la suerte de ver un grupo de piteros, tambores y danzantes en plena calle alegrando nuestros pinchos.

Salimos de Vitoria y en poco más de hora y media llegamos a Orisoain. Tengo que decir, llegado este punto, que Jesús, propietario de la Casa Palacio, nos dió una lección magistral, reducida, de los que podíamos hacer ese mismo día por la tarde, y que paso a explicaros a continuación. Gracias desde estas líneas a Jesús, hombre culto y de agradable trato que de forma fácil y amena nos informó de que ver, donde parar y comer.

Para empezar el recorrido de esta tarde nos dirigimos hacia Puente la Reina, pero con una parada intermedia, según nos comentó Jesús, en la ermita de Santa maría de Eunate, desde luego uno de los sitios que mejor impresión nos dejó de todo el viaje. Merece la pena esta parada. Una iglesia románica, de la segunda mitad del siglo XII, en su día se piensa que fue hospicio de peregrinos. Su planta octogonal no es habitual en las construcciones de su época, por lo que llama la atención a entendidos y estudiosos. No olvidarse de dar tres vueltas alrededor de ella, para tener buena suerte, muy importante que sean en el sentido de las agujas del reloj, sino la suerte será mala, al menos eso cuenta la tradición.

 

 

 

 

 

 

 

Parada obligada en Puente la Reina. Aquí hay que recorrer la Calle Mayor, de este a oeste, pera terminar en el puente que da nombre a la villa. Medieval, bien respetada, aunque para mi gusto, demasiado reconstruida. Es cierto que mantiene su aire medieval, pero todo parece demasiado nuevo, demasiado reconstruido, no por ello pierde su belleza original. El puente sobre el río Arga hace que merezca la pena la parada, imponente, esbelto y señorial, ejemplo de construcción civil del románico.

Dejamos atrás al majestuoso puente y carretera hacia Artajona. Es cierto que hay más que ver, pero nos centramos en El Cerco, formidable edificación Medieval, del siglo XI. Sus murallas nos hacen pensar en caballeros medievales, con sus escudos y largas espadas, defendiendo el sitio detrás de las  altas y fuertes murallas, que a pesar del paso del tiempo, se mantienen desafiantes a que cualquier visitante trate de flanquearlas. Un paseo por sus calles nos traslada a otro tiempo donde la fuerza y la constancia eran señas de supervivencia. Nos perdimos por lo que es la fortificación más importante de la zona media de Navarra, hasta llegar a la torre del homenaje, o lo que queda de ella, de las únicas redondas que existen en España.

 

 

Se acercaba ya la noche así que decidimos volver a la posada, nos esperaba la cena en un ambiente cálido y tranquilo. Después de cenar, no podía faltar una shisha en la terraza de nuestra habitación. La luna en cuarto creciente y las luces de los molinos de viento en la lejanía, ponían fin a nuestro primer día por tierras de la Media Navarra.

Sobre jcu

Administrador de los foros en udias.com (comparte y aprende). Programador en lenguajes PHP, MySQL, Velneo y FileMaker. Asesor en implantación y usos de Internet.