Bitácora de un “Rondo Veneciano” (8ª parte – El Zenith, epílogo)

 

 

 

 

 

 

 

La proa del barco se alzaba delante de mí, parecía inmensa, se me hacían más de mil metros hacia arriba. Esta es la primera impresión que tuvimos del Zenith en el puerto de Ravena. Un barco de apariencia muy marinera, buen navegador y sólido ante los embates de la mar. Esta es la impresión por fuera. Llama la atención la “ñ”, raza hispánica a raudales.

 

 

 

 

 

 

 

Un barco con bandera de conveniencia de Malta, con capacidad para 1828 pasajeros y una tripulación de más de 600 trabajadores. Tiene 720 camarotes. Con una eslora de 208 metros y una manga de 29 metros, desplaza más de 47.000 toneladas. Su velocidad máxima es de 17 nudos a la hora, lo que equivale a algo más de 30 kilómetros por hora.

 

 

 

 

 

 

 

Por dentro el Zenith es como una ciudad, donde, a pesar de ir hasta la bandera de gente, da la sensación que vamos cuatro, no hay agobios, ni colas para las comidas, ni para nada. Esto es debido a su magnífica y profesional tripulación. Queremos mi mujer y yo, en este punto, dar las gracias y felicitaciones de forma especial a Marcia, encargada de mantener nuestro camarote en perfecto estado de revista, a Ulises y Cati, que nos atendieron siempre con una sonrisa y total diligencia, en el restaurante, mi copa de agua, no suelo beber otra cosa en las comidas, siempre estaba llena, y esto es solo un detalle. Mi mujer cumpla años estando en el crucero, pues la noche de su cumpleaños, el restaurante nos obsequió a los de la mesa con una tarta y todos los camareros le cantaron “cumpleaños feliz” a mi mujer, una sorpresa no esperada pero que lo dice todo a favor de una organización basada en hacer feliz a la gente que estábamos en ese crucero. Creo que por nuestra parte, a la tripulación la tenemos que poner un diez.

Otra cosa que llama la atención son los espectáculos que todos los días tienes antes de cenar, o después según el turno de cena que tengas. Muy trabajados y con auténticos profesionales de la farándula, dignos de estar en el mejor teatro de la mejor ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

Las distintas áreas de disfrute del barco están perfectamente delimitadas y son de fácil transición entre ellas, pasando de una cafetería a una sala de juegos, sin que ello suponga romper con el ambiente, aunque en realidad sean ambientes diferentes. El teatro ocupa dos plantas, con perfecta visibilidad te pongas donde te pongas, buena sonoridad y una vez estás sentado, te sirven la bebida que quieras sin apenas tiempos de espera.

Me gustaría seguir piropeando a esta gente y a este barco durante más páginas, pero no quiero aburriros. Solo una cosa más, es difícil encontrar un trato tan amable y profesional, por ello, desde estas humildes páginas, nuestra más sincera y expresiva felicitación.

Epílogo

 

 

 

 

 

 

 

Hacer un crucero no era nuestra primera opción, ni siquiera la segunda. Fue Laura, la de nuestra agencia de viajes, la que nos animó a contratar un crucero. No puedo por más que agradecerle la sugerencia y la diligencia con la que realizó la contratación, a pesar de que ya no quedaba prácticamente nada del barco vacío, nosotros insistimos en camarote con terraza y así fue.

Tengo que reconocer que hacer un crucero, al menos con la compañía con la que hemos navegado es todo un placer. Todo fácil, todo en su sitio y a en su momento.

Recordamos la tarde cayendo desde nuestra pequeña terraza, un sol redondo y naranja que nos mira mientras nos dice adiós, el humo de la shisha, el sonido de la mar que el Zenith desplaza en su altivo navegar. No es un adiós, sino un hasta luego, porque esperamos volver algún día a sentir la brisa y la espuma de mar.

Sobre jcu

Administrador de los foros en udias.com (comparte y aprende). Programador en lenguajes PHP, MySQL, Velneo y FileMaker. Asesor en implantación y usos de Internet.