Bitácora de un “Rondo Veneciano” (6ª parte – Mykonos)

9 de octubre de 2011

Entramos con pena en el día de Mykonos, no sé si por el mal tiempo que nos acompaña o porque presentimos que lo bueno se acaba. A pesar de que el tiempo no tenía buena pinta nos decidimos a acercarnos a Mykonos, el crucero, por ocho euros, pone un autobús que te lleva desde el atraque hasta el puerto del pueblo todas las veces que quieras.

 

 

 

 

 

 

 

 

Estaban de mercado en Mykonos, un puesto donde se vendía pescado y otro con frutas y verduras varias. Es una zona de playa, más que de puerto, bonita para hacer unas cuantas fotos, pero sin mayor interés.

Decidimos sobre la marcha visitar Delos. Una isla a dos kilómetros saliendo en barca desde el puerto viejo, justo en medio de las islas Cycladas. La mar estaba furiosa y el día comenzaba a ponerse feo, así y todo fuimos en la parte superior del barco, al descubierto, que no se diga que los Cántabros no somos capaces de aguantar una simple brisa marina… no veáis como se zarandeaba el barquito…

Delos, como casi todos los emplazamientos que hemos visitados de ruinas antiguas, está como desmontado, no hay dos piedras juntas una encima de otra. Por su tamaño debió de ser una ciudad muy importante, allá por el año 1000 a.d.c., cuna de Dioses y seres imaginarios. Empezamos el recorrido viendo sus columnas, sus estatuas y sus mosaicos, reconozco que los mosaicos llaman la atención, sobre todo teniendo en cuenta su antigüedad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A mitad del recorrido la lluvia ya se hizo insoportable y no nos quedó más remedio de guarecernos en la única cafetería que hay. Como el día se ponía cada vez más complicado, decidimos terminar la visita cogiendo el barco que sale de Delos a las 12 del mediodía. Supongo que con buen tiempo la visita hubiera sido mucho más interesante, aun así, descubrimos parte de la grandiosidad de la cultura griega, como unos hombres con más fe que medios, pudieron levantar de la nada, y en donde no había nada, una espléndida ciudad que nos trasmite la constancia y el tesón del que quiere y con voluntad puede. Si os acercáis a Mykonos no os la perdáis, Delos, espejo de una cultura.

Empapados hasta los huesos, no nos quedó otra que volver al crucero, a la espera de que el tiempo mejorase o hacer planes para pasar la tarde en el barco. Lo cierto es que en cuanto vimos dos rayos de sol escaparse entre las nubes, y después de ducharnos y comer, volvimos Mykonos.

 

 

 

 

 

 

 

La tarde mejoró tanto que la ciudad nos enseñó su mejor de las caras. Primero, entre calles hasta llegar a los molinos de viento, gigantes parados y altivos, que miran como el tiempo los ha desarbolado y ahora solo pueden esperar que los turistas plasmen su majestuosa figura en estampas, que se llevarán a sus casas. Desde los molinos se ve la pequeña Venecia y hacía allí nos encaminamos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se trata de un barrio formado por siete u ocho casa justo al borde de la mar, esta proximidad es la que le da el nombre, simulando las casas de Venecia. Un conjunto arquitectónico único y que en días como el que nos tocó, cobra una vida especial y crea una estampa distinta. Tal es así, que nos decidimos a tomar un capuchino, sentados en una terraza al borde de la mar en la pequeña Venecia. Gracias a que por el mal tiempo no había demasiados turistas en la zona, disfrutamos de un momento de calma y descanso merecidos después de la lluviosa mañana.

Aun nos sobraba tiempo, decidimos matar la tarde paseando. Llegamos a una plaza donde vimos los famosos pelícanos, que, por cierto, cuando te ven llegar, como si de experimentados modelos de pasarela se tratase, comienza a enseñarte sus mejores poses, cabeza hacia arriba, limpiándose las alas, mirándote fijamente, todo un espectáculo que nos mantuvo entretenidos un rato. Unas cuantas tiendas, donde puedes encontrar desde anillos de 50e hasta pulseras de 30.000€, hay para todos. Se nota al pasear por sus calles que el turismo que allí para, además de los cruceros, es un paisanaje al que le va la marcha, son muchos los chiringuitos que al pasar te ofrecen copas y demás…

 

 

Terminamos de vuelta al crucero con la sensación de que el día se nos había arreglado, pudimos ver los molinos y la pequeña Venecia, dos maravillas más a sumar en este viaje, sin olvidarnos de Delos.

El barco empezaba a moverse más de lo deseado, las aguas se veían desde la tarraza del camarote un poco picadas. No pasa nada, tenemos un buen capitán que sabe lo que hace. Navegación rumbo al Pireo.

Sobre jcu

Administrador de los foros en udias.com (comparte y aprende). Programador en lenguajes PHP, MySQL, Velneo y FileMaker. Asesor en implantación y usos de Internet.