Bitácora de un “Rondo Veneciano” (5ª parte – Santorini, Thira, Oia)

8 de octubre de 2011

Llegar a La Caldera de madrugada, nos dispara la imaginación a la época en la que los piratas surcaban los mares, sitio mejor resguardo dentro de un laberinto de islas, es difícil encontrar. Desde el barco, a la izquierda Oia, a la derecha la isla del volcán.

Una de las escalas más esperadas de este crucero, estaba a punto de empezar. El barco fondea, ya que no hay puerto donde atracar. De inmediato una pléyade de “Tenders”, pequeñas lanchas, se acercan al crucero para recoger a los pasajeros y llevarnos al puerto de Thira. Es increíble la organización, la rapidez y fluidez con la que una tras otra, estas lanchas se amarran al crucero, cargan y salen a toda prisa hacia el puerto. Solo por este pequeño paseo ya vale la pena la escala en Santorini.

 

 

 

 

 

 

 

Para subir a la ciudad de Thira desde el puerto tienes tres opciones; Burro, yo diría que son mulos más que burros, teleférico o andando. Nosotros escogimos el teleférico. La cola para subir es larga, pero va rápido. Una vez arriba nos dirigimos directos a la estación de autobuses para acercarnos a Oia, llegar y besar el santo, salimos enseguida. El viaje a Oia es corto.

Una vez en Oia dejamos atrás rápido la calle de las tiendas, una subida hasta la iglesia que sale en todas las postales turísticas. Cuando llegas a la iglesia tienes dos opciones, derecha, zona residencial del pueblo, e izquierda, zona de los hoteles, de lujo, una noche puede costar mil euros. No os quedéis solo en las dos calles principales que van en las dos direcciones, meteros por las estrechas y empinadas callejuelas que suben y bajan, podréis disfrutar de unas vistas espectaculares de La Cardera, veréis las cúpulas azules, las paredes blancas, los campanarios marrones, decenas de casas blancas apiñadas, en un caos ordenado.

 

 

 

 

 

 

 

Es un espectáculo que, si no fuera por los turistas, desprendería paz y sosiego. Sentado en un muro de la parte baja de Oia, desde donde se ve parte del pueblo y toda La Caldera, me imagino una puesta de sol donde el azul de la mar se funde con el naranja del sol al caer, una taza de

buen café y solo dejar pasar el tiempo, es una pena que nuestro barco zarpe entes del atardecer. Oia dejará en nuestro recuerdo, azul sobre azul y blanco sobre blanco, una postal que se ha convertido en realidad.

Volvemos en autobús a Thira. Un paseo de la iglesia ortodoxa hasta la iglesia católica, dos visitas obligadas. Entre una y otra más vistas maravillosas de La Caldera. Thira, aunque bonita, no es tan llamativa como Oia, quizás por eso nos detuvimos menos tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

Lo que sí hicimos fue la bajada andando, bien por las vistas de las que disfrutas mientras bajas, pero el olor es insoportable en algunos tramos, los burros… además resbala y los escalones son muy incómodos.

De nuevo en el puerto de Thira volvemos a coger una de las pequeñas lanchas que nos lleva al crucero. Un día en Oia es un día que nunca podremos olvidar.

Desde la terraza de nuestro camarote veo como Santorini se aleja, se hace pequeña, son tantas las imágenes que tengo en mi memoria que creo que esta noche soñaré en azul y blanco.

Sobre jcu

Administrador de los foros en udias.com (comparte y aprende). Programador en lenguajes PHP, MySQL, Velneo y FileMaker. Asesor en implantación y usos de Internet.