Bitácora de un “Rondo Veneciano” (3ª parte – Corfú)

6 de octubre de 2011

El día empezaba de forma escandalosa en el barco de camino a Corfú. Fue el mejor amanecer que vimos a lo largo del crucero. Naranja, azul y tonos de grises, rayos escapándose entra unas pocas nubes en el horizonte y todo eso mientras navegábamos rumbo a Corfú.

 

 

 

 

La escala de Corfú, según lo que habíamos leído en distintos foros, parecía un día de relax, destinado a recapitular sobre lo que habíamos visto en Venecia y en Dubrovnik, nada más lejos de la realidad, los que dicen que Kerkyra no tiene ningún interés se equivocan, el problema es que hay buscar en donde realmente está la belleza de Corfú.

Nada más llegar cogimos un autobús que nos llevó hasta la plaza principal. Desde allí caminamos calle arriba, en la zona más turística, tiendas a ambos lados de la calle donde intentaban venderte desde artículos realizados en madera de olivo, hasta chaquetas de cuero pasando por un licor de color rojo y amarillo típico de Corfú. Al final de esa calle llegamos a la plaza spianada, un lugar con cafeterías al borde de un gran parque dividido en dos zonas, por su calle central se accede hasta la primera visita obligada, la fortaleza. 

 

 

 

 

 

 

 

De la fortaleza poco hay que contar, un gran muro con foso y en su interior podemos encontrar un faro, una iglesia, unas cárceles venecianas escavadas en la roca, un restaurante, un conservatorio de música… una extraña mezcla para un lugar que no acaba de definir su identidad, pero al fin y al cabo un lugar a visitar.

Aquí empieza lo bueno. Como siempre, y visto que acercarnos a Kanoni nos llevaría demasiado tiempo, decidimos adentrarnos en las calles de Kerkyra. Nuestro asombro iba en aumento, fachadas desteñidas por el paso del tiempo y el abandono, orgullosas, mirando unas al mar otras escondidas, con preciosos balcones de hierro fundido.

 

 

 

En su dejadez, grandiosas edificaciones que en su día vieron los ojos Sisi, a finales de 1800. Plazas escondidas con edificios agrietados e iglesias en espera de tiempos mejores, como los de antaño. Los gatos al sol descansan porque no hay otra cosa que hacer y las gentes amistosamente, a tu paso te saludan “Kalispera”. Impresiona ver el contraste entre las majestuosas casas de una edad perdida y olvidada, y la soledad del día a día que necesita sobrevivir. Personalmente me llamó mucho más la atención y me pareció mucho más real, el entramado de edificios de Corfú, que las renovadas murallas de Dubrovnik

Ya acercándonos a la hora de volver al barco, paramos a tomar un café frappé en una pequeña cafetería, Mikpó, creo que se llamaba. Un rincón rodeado de vegetación, tranquilo y agradable.

Sorprendente Kerkyra, parecía destinada a pasar desapercibida y sin duda alguna se ha convertido por méritos propios en una parte importante del crucero.

Vuelta al barco en el mismo autobús, shisha y navegación.

Sobre jcu

Administrador de los foros en udias.com (comparte y aprende). Programador en lenguajes PHP, MySQL, Velneo y FileMaker. Asesor en implantación y usos de Internet.