Bitácora de un “Rondo Veneciano” (1ª parte – Venecia)

Mi mujer y yo decidimos hacer un crucero y nos decidimos por el Rondo Veneciano de Pullmantur. De entrada hay que decir que la elección fue inmejorable.

Salimos de Santander de madrugada en un vuelo de Ryanair para Madrid, el día 3 de octubre. Teníamos que enlazar con un vuelo de Pullmantur que salía a las 13:10. El principio del viaje no fue muy bueno, cuando ya estábamos embarcados en el avión, apareció un problema y nos retrasó la salida una hora. No es nada grave, pero al menos y teniendo en cuenta que hacía una temperatura muy elevada, debieran de habernos ofrecido, al menos, unos botellines de agua.

Por lo demás el vuelo fue de lo más normal. Llegada a Bolonia y de inmediato traslado en autobús a Rávena. Como llegamos ya muy tarde, no nos dio tiempo a ver Rávena, tendremos que dejarlo para otra ocasión. Nos instalamos en el camarote asignado y esperamos a que llegaran las maletas, que por cierto, tardaron bastante.

Cayendo ya la tarde zarpamos hacia Venecia. Travesía tranquila, con el típico nerviosismo de nuestra primera noche en un crucero. Destacar en este punto que estar sentado en la terraza del camarote, sintiendo la brisa de la navegación en la noche, fumando una shisa y disfrutando de nuestras vacaciones con una charla pausada y los silencios de la mar, es una experiencia recomendable, recordable y repetible.

4 de octubre de 2011

Llegamos al puerto de Venecia en ese momento en el que la noche se niega a dar paso a la mañana. Es impresionante ver la plaza de San Marcos y los puentes que dan al gran canal en la noche, con las luces aun dando vida a unos reflejos maravillosos sobre las aguas del canal. Esto fue el principio de un día de cuento en Venecia. Desembarcamos y nos dirigimos hacia la plaza de Roma para coger un vaporetto hasta la plaza de San Marcos. El paso merece la pena, tiene varias paradas y tarda algo más de media hora, pero las vistas desde el vaporetto hacen que la travesía sea muy agradable. Cuando llegas en San Marcos ves las góndolas atracadas, el puente de los suspiros y por fin la Plaza, impresiona la Basílica y el Palacio Ducal, otra imagen a recordar son las sillas y mesas de las tarrazas de los cafés, cada cafetería tiene su color y el cuadro de colores, con el fondo de la Basílica contrasta hasta crear un ambiente que ninguna foto puede reflejar, hay que verlo. Pronto entramos en la Basílica, al tener la reserva realizada por internet, no tuvimos que esperar ninguna cola. Si el exterior es impresionante, dentro la sensación no es fácil de describir. Solo de pensar que esa maravilla en piedra, está sobre un terreno que se hunde poco a poco, nos hace sentir escalofríos. Los tesoros que se guardan allí son de incalculable valor, sobre todo la Pala de Oro, retablo  confeccionado con esmaltes engastados en monturas de oro y plata adornadas con piedras preciosas.

A la salida de la Basílica de San Marcos, iniciamos un corto paseo hasta encontrarnos con un gondolero, en una callejuela estrecha pegado a un pequeño canal. Después de  dejarnos querer, llegamos a un acuerdo en el precio y comenzó lo que podemos describir como un romántico y tranquilo paseo por los más estrechos canales, sin dejar de ver la casa de Marco Polo y el Palacio de Casanova. Desplazarse lentamente, con un leve susurro que parece una canción, ver de cerca las casas, muelles y sentir como si el tiempo se hubiera parado hace siglos, son sensaciones que nos hacen sentir que vivimos para algo más que trabajar y que en todo caso, debiéramos de trabajar para poder vivir sensaciones como esta. El paseo en góndola y en globo por la Capadocia, son experiencias que todos debiéramos de realizar al menos una vez en la vida.

Una vez desembarcados de la góndola, nos acercamos callejeando hasta la famosa pizzería D’Angelo, pedimos unas porciones de pizza y… no perdáis el tiempo en eso, la pizza no merece la pena, aunque el paseo entre calles sí. Luego nos acercamos hasta el puente de Rialto, obligada visita en Venecia y decidimos acercarnos a la isla de Murano. La primera idea fue en volver con un vaporetto a las plaza de Roma para coger el directo a Murano, pero… cosas de la vida, preguntamos precio a un taxista con su barca rápida dispuesta a salir zumbando, y después de un “no me interesa”, “me voy…  pero vuelvo y negociamos”, nos pusimos de acuerdo y empezó otra de las cosas dignas de vivir. El taxista, por los canales estrechos no se atrevía a acelerar, supongo que tienen la velocidad limitada, pero en el momento en que salió de los canales y enfiló a Murano, la barca-taxi levantó el morro poniendo en su élice todo el poder de sus caballos de potencia, hasta el punto que parecía la persecución de James Bond en Casino Royale. Un punto más para visitar Venecia. Una vez en Murano, un paseo por su calle-canal principal, un tentempié sentados en una terracita al borde del canal y visita a algunas de las tiendas donde se pueden encontrar todo tipo de cosas de cristal… de Murano, claro, y vuelta, ahora sí, en el vaporetto hasta la Plaza de Roma.

Regresamos al crucero con la sensación de que Venecia merece una segunda visita, contentos, cansados y con la sensación de que el crucero, solo por esta parada ya merecía la pena. Al caer la tarde el barco zarpó con dirección a Dubrivnik, la salida de Venecia, viendo lo que ya habíamos visto a la llegada, en la noche, nos completó y reafirmó en  la idea de que Venecia tiene una magia especial.

Sobre jcu

Administrador de los foros en udias.com (comparte y aprende). Programador en lenguajes PHP, MySQL, Velneo y FileMaker. Asesor en implantación y usos de Internet.