San Petersburgo

¡Que gente más maravillosa!. Nada más llegar a Rusia nuestra operadora, Amparus, nos dejó tirados en el aeropuerto. Solo hablan ruso. Después que un taxista nos pidiera 2.200 rublos por llevarnos al hotel, decidimos coger un autobús para que nos acercara al centro de San Petersburgo y enlazar con un metro hasta el hotel. Como no teníamos ni idea, intentamos preguntar a la supervisora del autobús. Todo el autobús en cónclave tratando de decidir cual sería la forma más fácil de llegar a nuestro hotel y cuando ya lo decidieron, trataron de explicárnoslo. Pero no solo eso, luego en el metro el policía ayudándonos a sacar el billete y más tarde, ya en las cercanías del hotel, un hombre que nos encontramos en la calle, nos facilitó un plano con la situación en la que estábamos y la situación del hotel, acompañándonos casi hasta la puerta. Esto se repite en Rusia… ¡Que gente más encantadora!

San Petersburgo te enamora solo con pasear por sus calles. Es tal la cantidad de  imágenes que se agolpan a tu alrededor que no te da tiempo a salir del asombro. No solo sus basílicas o edificios monumentales, que te pueden dejar con la boca abierta, como la Iglesia de la Sangre Derramada, San Isaac, El Hermitage, La Fortaleza… solo con mirar las orillas del río Neva ya es suficiente para decir que merece la pena estar allí, por no hablar de sus puentes, estos merecen un punto y a parte, no hay que perderse cuando los  levantan, en torno a la una de la madrugada. Si tienes la suerte de estar en las llamadas «noches blancas», noches en la que el atardecer es perpetuo, como si el día y la noche estuvieran librando una gran batalla, entonces, el espectáculo es maravilloso.

Mención especial merece el museo del Hermitage. Es necesario más de un día para ver parte de las bellezas que acumula, aunque con una mañana y un buen guía, te puedes hacer una pequeña idea de la cantidad de obras de arte que allí se encuentran, pinturas, esculturas y no olvidar la grandeza de sus salas, sus techos, columnas, escalinatas, lámparas… Algún día volveré y trataré de perderme por sus pasillos… ¡Que pena!, hay tanto que ver en el mundo que quizás nunca vuelva…

Dos visitas de obligado cumplimiento son La Iglesia del salvador sobre la Sangre derramada y la cúpula de San Isaac. Para la primera cualquier hora es buena, a mi personalmente me atrae el calor de la luz de la tarde. Su silueta, enrevesada y compleja, se deja ver desde la Avenida Nevsky, ofreciendo su colorido al canal y causando una sensación de admiración y asombro a los visitantes. Desde la cúpula de San Isaac se divisa todo San Petersburgo, son unos 190 escalones que merece la pena subir, sobre todo si tienes la suerte de ver un atardecer, a las dos de la madrugada, con cielos escandalosos. Nosotros subimos por la mañana, así y todo las vistas fueron espectaculares.

La Avenida Nevsky es la calle principal de San Petersburgo, Tiendas de todo tipo a un lado y al otro, Zara, Bosco… pero yo me pararía en la librería cafetería Singer, todo un símbolo de la ciudad y en el centro comercial que está al fondo de la calle, una gran superficie con tiendas de todo tipo, si os acercáis allí, meteros por la parte de atrás del edificio, donde hay un mercadillo local, nada que ver con las tiendas de fuera.

Podría extenderme páginas y páginas hablando de San Petersburgo, pero creo que con esta pincelada es suficiente, espero que os guste y os sirva como aproximación a una ciudad con gente encantadora y lugares de encanto.

Sobre jcu

Administrador de los foros en udias.com (comparte y aprende). Programador en lenguajes PHP, MySQL, Velneo y FileMaker. Asesor en implantación y usos de Internet.